AztlanJin
RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL CRONISTA DEL BOSQUE SUSPENDIDO"
RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL CRONISTA DEL BOSQUE SUSPENDIDO"
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Historia de la pieza
“El Cronista del Bosque Suspendido”
Pieza de autor contemporánea adquirida en Japón para la colección de Moda, Diseño & Cultura Urbana de Aztlanjin.
"Algunas personas cuentan los minutos. Otras cuentan los recuerdos. Este reloj fue creado para quienes entienden la diferencia."
Confeccionado artesanalmente en Japón mediante cuero trabajado a mano, herrajes envejecidos y elementos textiles orgánicos, esta pieza explora la relación entre el tiempo y la memoria.
La nube blanca simboliza la naturaleza efímera de la existencia; el musgo representa la persistencia silenciosa de la naturaleza; la esfera central evoca las ondas que deja un recuerdo al expandirse a través de los años.
Más que un reloj, es una reflexión portátil sobre aquello que permanece cuando el tiempo ya ha pasado.
Entre las montañas del norte de Japón existe una antigua creencia popular que dice que los bosques poseen memoria.
No la memoria de los hombres, sino una más lenta y profunda: la memoria de las estaciones, del crecimiento de los árboles y del paso silencioso de los siglos.
La leyenda que acompaña esta pieza cuenta la historia de un joven artesano que pasó varios inviernos trabajando en una pequeña comunidad rodeada de cedros ancestrales. Durante aquellas largas temporadas observó cómo la naturaleza parecía ignorar la urgencia del mundo moderno. Mientras las personas corrían detrás de los minutos, el bosque continuaba viviendo bajo un tiempo distinto.
Años después, inspirado por aquella experiencia, decidió crear un reloj que no hablara del tiempo mecánico, sino del tiempo natural.
Así nació lo que los coleccionistas han llegado a llamar:
El Cronista del Bosque Suspendido
A diferencia de los relojes convencionales, esta pieza parece más una reliquia encontrada en el equipaje de un explorador que un accesorio de moda.
El cuero envejecido recuerda los mapas utilizados por viajeros del siglo XIX.
La textura verde evoca musgo creciendo sobre la corteza de árboles centenarios.
Los herrajes de latón envejecido sugieren instrumentos científicos utilizados para medir fenómenos imposibles de registrar.
Y finalmente aparece el detalle más intrigante de toda la obra:
La nube blanca.
Según la historia del artesano, aquella forma representa el aliento visible de una mañana de invierno en las montañas japonesas.
Un instante efímero.
Una bocanada de aire que existe apenas unos segundos antes de desaparecer para siempre.
El artista quiso inmortalizar ese momento.
Mientras el reloj mide horas y minutos, la nube recuerda que existen experiencias que jamás podrán ser contenidas por las manecillas.
El tiempo humano avanza en líneas rectas.
La memoria avanza en círculos.
Por ello la esfera presenta un diseño inusual, casi etéreo, como si el centro representara las ondas que deja una piedra al caer en un lago tranquilo.
Cada círculo simboliza un recuerdo expandiéndose hacia el futuro.
Cada vuelta de la aguja es una historia alejándose lentamente de su origen.
Durante los años posteriores, la pieza comenzó a ser asociada por algunos coleccionistas japoneses con el concepto de Mono no Aware, una de las ideas más bellas de la estética japonesa.
Mono no Aware puede entenderse como la sensibilidad hacia la belleza de lo efímero.
La flor de cerezo que caerá mañana.
La primera nieve que se derretirá en unas horas.
Una conversación que nunca volverá a repetirse.
Un instante perfecto precisamente porque no puede durar.
Este reloj parece construido alrededor de esa filosofía.
No busca representar la permanencia.
Busca celebrar aquello que inevitablemente desaparece.
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