AztlanJin
RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL JARDÍN DE LA DUODÉCIMA ESTACIÓN
RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL JARDÍN DE LA DUODÉCIMA ESTACIÓN
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Historia de la pieza
“El Jardín de la Duodécima Estación”
Pieza de autor contemporánea adquirida en Japón para la colección de Moda, Diseño & Cultura Urbana de Aztlanjin.
"Hay flores que viven unos días. Hay recuerdos que viven toda una vida. Este reloj fue creado para unir ambos."
Elaborada artesanalmente en Japón mediante cuero trabajado a mano, latón envejecido y elementos florales encapsulados, esta pieza explora la relación entre la memoria y la naturaleza efímera de la belleza.
Cada flor suspendida en la esfera representa un instante preservado contra el paso del tiempo, convirtiendo el reloj en una pequeña cápsula emocional donde los recuerdos continúan floreciendo.
Más que una herramienta para medir horas, esta obra invita a contemplar aquello que merece ser recordado.
Existe una antigua leyenda japonesa que habla de una estación perdida.
No aparece en ningún calendario.
No figura entre la primavera, el verano, el otoño o el invierno.
Los poetas la llamaban:
La Duodécima Estación
Un momento suspendido entre los recuerdos y los sueños.
Un lugar donde las flores nunca terminan de abrirse y donde el tiempo avanza tan lentamente que parece haberse olvidado de seguir caminando.
La historia cuenta que, hace muchos años, una joven artesana recibió una beca destinada a preservar técnicas tradicionales de joyería y relojería artística. Como parte de su formación, viajó por distintas regiones rurales de Japón documentando flores silvestres que crecían en lugares remotos, lejos de jardines y templos famosos.
Durante aquel viaje descubrió algo que la marcó para siempre.
Cada flor tenía una vida increíblemente breve.
Algunas existían apenas unas semanas.
Otras apenas unos días.
Sin embargo, durante ese corto tiempo, alcanzaban una belleza imposible de ignorar.
Aquella observación dio origen a una obsesión:
¿Sería posible construir un reloj que no midiera el paso del tiempo, sino la fragilidad de la belleza?
Años después nació esta pieza.
Y con ella, la leyenda del:
Jardín de la Duodécima Estación
A diferencia de los relojes tradicionales, aquí las flores no decoran la esfera.
La esfera existe para protegerlas.
Pequeñas flores suspendidas bajo el cristal parecen flotar en un instante detenido para siempre.
Los delicados puntos metálicos recuerdan gotas de rocío al amanecer.
Las agujas ornamentales evocan las ramas de una planta creciendo lentamente hacia la luz.
Incluso los números parecen incompletos.
Como si el tiempo hubiera comenzado a borrarse para dejar espacio a algo más importante.
La contemplación.
Según la narrativa del artista, las flores representan distintos momentos de una vida.
La flor azul simboliza los sueños.
La amarilla representa la alegría.
La blanca la memoria.
Las pequeñas hojas verdes representan los caminos que conectan cada experiencia.
Y la diminuta hoja de oro en la parte superior simboliza un instante perfecto: un recuerdo tan valioso que permanece brillante incluso cuando todo lo demás ha cambiado.
Los coleccionistas japoneses suelen relacionar esta obra con uno de los conceptos más profundos de la estética tradicional:
Hanakotoba (花言葉)
El lenguaje secreto de las flores.
Durante siglos, cada flor fue asociada con emociones, deseos y mensajes imposibles de expresar con palabras.
Este reloj parece hablar precisamente ese idioma.
No intenta comunicar la hora.
Intenta comunicar emociones.
Mientras muchas piezas de relojería artística japonesa se inspiran en máquinas, engranes o instrumentos industriales, esta creación toma una dirección completamente distinta.
Aquí el tiempo no es una fuerza mecánica.
Es un jardín.
Un ecosistema delicado donde cada recuerdo florece, envejece y finalmente se transforma en otra cosa.
Por eso la esfera parece menos un reloj y más una pequeña vitrina botánica.
Como si el artesano hubiera atrapado una tarde de primavera bajo un cristal.
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