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AztlanJin

RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL VIGÍA DEL HORIZONTE ETERNO"

RELOJ ARTESANAL JAPONÉS: "EL VIGÍA DEL HORIZONTE ETERNO"

Precio habitual $ 12,000.00 MXN
Precio habitual Precio de oferta $ 12,000.00 MXN
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Historia de la pieza

“El Vigía del Horizonte Eterno”

Pieza de autor contemporánea adquirida en Japón para la colección de Moda, Diseño & Cultura Urbana de Aztlanjin.


"No todos los horizontes están frente a nosotros. Algunos viven detrás de nuestros recuerdos."

Realizada artesanalmente en Japón mediante cuero envejecido, latón trabajado a mano y elementos inspirados en instrumentos ópticos históricos, esta pieza transforma el reloj tradicional en una herramienta de contemplación.

La lente frontal simboliza la búsqueda constante de aquello que se encuentra más allá del presente. Su diseño fusiona relojería experimental, estética industrial y filosofía japonesa para crear una obra que explora la relación entre tiempo, memoria y percepción.

Más que medir las horas, esta pieza invita a observarlas.

 

Entre los antiguos puertos japoneses existe una historia poco conocida acerca de los Mimamori, los vigilantes del horizonte.

Mucho antes de que existieran radares, satélites o sistemas de navegación modernos, algunas aldeas costeras confiaban en hombres cuya única tarea era observar el mar.

Permanecían durante horas en acantilados y torres de madera, esperando el regreso de barcos pesqueros, mercantes o expediciones que podían pasar meses lejos de casa.

La leyenda cuenta que uno de aquellos vigías desarrolló una obsesión peculiar.

No observaba únicamente los barcos.

Observaba el tiempo.

Decía que cada persona navegaba por una corriente temporal distinta.

Algunos avanzaban hacia el futuro.

Otros permanecían atrapados en recuerdos.

Y unos pocos podían ver ambos mundos al mismo tiempo.

Décadas después, inspirado por aquella antigua historia, un artesano japonés decidió crear una pieza que representara esa idea.

No un reloj.

No un telescopio.

Sino una herramienta para contemplar el paso invisible del tiempo.

Así nació lo que hoy conocemos como:

El Vigía del Horizonte Eterno


A primera vista, la pieza parece provenir de un universo alternativo.

La esfera se encuentra oculta tras una lente profunda que recuerda a los antiguos instrumentos ópticos utilizados por exploradores y navegantes.

Los herrajes de latón envejecido evocan maquinaria científica del siglo XIX.

La estructura metálica parece ensamblada manualmente, como si hubiese sido rescatada del taller de un inventor que nunca terminó su obra.

Sin embargo, el elemento más fascinante no es mecánico.

Es simbólico.


Según la narrativa del artista, la lente frontal representa la frontera entre dos dimensiones.

La primera es el mundo visible.

La segunda es el mundo de los recuerdos.

Al mirar directamente la pieza, el observador no ve inmediatamente las manecillas.

Primero ve profundidad.

Oscuridad.

Reflejos.

Y sólo después descubre el tiempo.

Esa experiencia fue diseñada deliberadamente.

El artesano afirmaba que la memoria funciona exactamente igual.

Primero vemos emociones.

Luego imágenes.

Y sólo después recordamos cuándo ocurrieron.


La forma circular del visor se inspira en los telescopios utilizados por los navegantes japoneses durante la apertura comercial del país en el siglo XIX.

Pero aquí la dirección se invierte.

Los antiguos exploradores observaban horizontes lejanos.

Este reloj invita a observar horizontes interiores.


Con el paso de los años, algunos coleccionistas comenzaron a asociar esta obra con el concepto japonés de:

Yūgen (幽玄)

Una palabra difícil de traducir que describe la belleza misteriosa de aquello que no puede comprenderse por completo.

La niebla que oculta una montaña.

La oscuridad entre las estrellas.

La sensación de que existe algo más allá de lo que nuestros ojos alcanzan a percibir.

El Vigía del Horizonte Eterno parece construido alrededor de esa idea.

Nunca revela completamente su mecanismo.

Nunca muestra el tiempo de forma inmediata.

Siempre conserva una parte de su secreto.

 

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